Gracias, vida sagrada. Gracias por sostenerme con tu hilo invisible, ese lazo eterno que me une al propósito desde antes de nacer. Desde el vientre de mi madre, me enseñaste que todo está entrelazado: el camino, la misión y el tiempo. Gracias por revelarme la dulzura de la existencia y por dotarme de la fuerza para transitar cada estación del alma. Por la abundancia que me permite vivir con dignidad, y la libertad sagrada de saborear cada instante como parte de la eternidad. Gracias por la sabiduría para acoger lo bueno con humildad y actuar con rectitud, y por la claridad para cortar aquello que no nutre. Vivo con mis hermanos, caminantes también, unidos por la voluntad de cazar juntos los aprendizajes del día. Gracias por la creatividad que brota como río, permitiéndonos volar sobre los pensamientos celestiales y contemplar cada amanecer como un regalo. Por las redes que nos ayudan a recoger lo esencial, y la autoridad espiritual para alzar la voz con gratitud, reconociendo q...
Luna Dicen que la vida está hecha de sueños. Los jóvenes sueñan con entusiasmo, mientras que los mayores lloran por los sueños no cumplidos. Sin embargo, algunos jóvenes se van antes de poder siquiera soñar. Era una tarde de domingo. Sentado en el corredor de la iglesia, vi a lo lejos a alguien acompañado de Luna. Mi mente, en un suspiro, recordó que hacía apenas dos meses Luna había perdido a su compañero de vida, aquel con quien compartía los días en el campo, contaba las hojas de la milpa, decidía cuántos hijos tendrían y buscaban juntos cerezos. Soñaban con un futuro lleno de posibilidades, hasta que él fue asesinado, queriendo ser un héroe en una guerra que no era la suya. Sí, como lo lees, un héroe en una guerra ajena. Al verla ese domingo, mi mente no pudo evitar preguntarse si existe un cielo capaz de sustituir un infierno tan cruel. Pero, como suele ocurrir con mi naturaleza chismosa, no pude callar. Conté al pueblo lo que había visto, como si esa escena pudiera al...